Algunos temas relevantes para la minería en 2018

Ante un cambio de tendencia
En los últimos dos años se observa un repunte de los precios internacionales que impulsan la reactivación del sector. Las reservas de litio atraen inversiones mundiales por el aumento de la demanda.
Expectativas por la reforma de la regulación minera y el nuevo acuerdo federal con las provincias.

Introducción
Cumplida la primera mitad del mandato del actual gobierno, que ha salido fortalecido luego
de las elecciones de medio término, es necesario efectuar un análisis pormenorizado del desempeño
de los sectores productivos afectados por las medidas implementadas en los últimos dos años,
principalmente la de los sectores primarios, entre éstos la minería; y cuya situación se veía
atravesada por una innegable postergación.
La minería representa una industria relevante dentro del entramado productivo nacional. En
términos de su contribución al desempeño de la economía, este sector se queda con alrededor del
3% del PBI1
(rubro Explotación de Minas y Canteras, que incluye al petróleo y al gas) y el 6% de las
exportaciones nacionales totales (rubro Minería y Combustibles). Asimismo, si bien su aporte al
empleo doméstico es exiguo2
, la minería, según se desprende de la Matriz Insumo Producto (MIP,
1997) elaborada por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), es uno de los principales
sectores generadores de empleo indirecto (alrededor de tres puestos indirectos por cada puesto directo creado por el sector)3 , al tiempo que sus productos son altamente demandados como insumos en los procesos productivos e industriales del resto de las actividades económicas4 . Por citar algunos ejemplos, mientras los minerales metalíferos (tales como el hierro, el aluminio, el cobre, el zinc y el platino) son utilizados de manera intensiva en la industria automotriz y en la electrónica, las rocas de aplicación, tales como piedra caliza, arenas, cementos y triturados pétreos, son altamente demandados en el rubro de la construcción.
Independientemente de su potencial, la minería atraviesa una situación de estancamiento que
resulta de la combinación de varios factores que la han postergado. En el plano externo, la caída de
los precios de los principales commodities mineros y energéticos ha conformado un importante
obstáculo para las inversiones en exploración y extracción tanto a nivel global como local. De hecho,
analizando las cifras de los últimos diez años, puede observarse que, con excepción del litio (que pasó de US$/Tn. 35005 en 2007 a cerca de US$/Tn. 7500 en 2016), el oro, la plata, el cobre, el
plomo, el zinc y el aluminio, entre otros, han mostrado caídas importantes en sus precios. Solo por
dar algunos ejemplos, las estadísticas del Banco Mundial muestran que entre 2012 y 2016 el precio
del oro cayó en un 25%, la plata en un 45% y el cobre en un 40%. Si bien existe evidencia de alguna
recuperación en ese sentido (ya que el oro y la plata, entre otros, registraron una recuperación en
sus precios durante 2017), el flujo de inversiones al sector minero nacional no se materializaría hasta
que esa tendencia se confirme y, al mismo tiempo, se terminen de ajustar ciertos ítems de índole
doméstica.
En efecto, al deterioro de los precios internacionales iniciado al comienzo de la década, se
sumaron otros aspectos ajenos al mercado que desalentaron inversiones y afectaron la producción
local de minerales durante varios años (aún durante el ciclo de incrementos en los precios externos
donde si bien el sector mostró alguna recuperación, ésta fue desaprovechada por ciertos temas
internos). Entre estos aspectos se destacaron: i) el arancel impuesto a las exportaciones de un sector
en el que la mayor parte de la producción es colocada en el exterior, ii) los inconvenientes
macroeconómicos plasmados en la inflación de precios y costos, iii) la imposibilidad de remitir
ganancias al exterior en conjunto al denominado “cepo cambiario”, iv) los conflictos por temas de
sustentabilidad ambiental, y v) el comportamiento dispar de la inversión (principalmente de la
inversión extranjera directa, o IED), que, a razón de los puntos anteriores, mostró una tendencia
bajista en el período 2012-2016. De hecho, según cifras relevadas por ABECEB6
, la inversión minera
total pasó de acumular US$ 21.500 millones en el año 2012 a registrar un aproximado de US$ 8.000
millones en 2016, lo que equivale a una caída del 64% en dólares (aunque gran parte de esta caída
se encuentra explicada más por el hundimiento de los precios externos que por factores internos).
El levantamiento de la mayoría de estas restricciones, principalmente el “cepo cambiario” y
las relacionadas a las transferencias fronterizas (sean éstas para cubrir pasivos, inversiones o para
remitir ganancias al exterior), en conjunto a la eliminación de los derechos a la exportación de ciertas
commodities y productos elaborados, las nuevas facilidades para importar bienes de capital y la
derogación de la obligatoriedad de liquidar de manera local las divisas provenientes de las
exportaciones de hidrocarburos y productos mineros; conforman medidas que buscan fomentar la
inversión y producción en todos los sectores de la economía. Estas modificaciones se sumaron a
otras de índole más general7 que, no obstante, tuvieron el mismo fin. A pesar de los cambios
implementados, la mayoría de los sectores beneficiados por estas medidas mostraron durante 2016
y primeros meses de 2017 un desempeño dispar que no logró romper con la tendencia observada
hasta 2015.
No obstante, debe tenerse en cuenta la potencialidad de este sector en pos del desarrollo
económico nacional. A la contribución de la minería al PBI, al empleo y a las exportaciones nacionales (que en 2016 se estima superó los US$ 3.300 millones), debe mencionarse el significativo
aporte que este sector hace al presupuesto público (según cifras de la Cámara Argentina de
Empresarios Mineros –CAEM–, en 2016 el aporte fiscal de la minería rozó los $15.000 millones en
concepto de regalías, impuesto a las ganancias, impuesto sobre los ingresos brutos, Seguridad
Social, aportes, impuesto al valor agregado, tasas provinciales, cánones, entre otros), como así
también la potencialidad productiva que queda plasmada en la abundancia de recursos naturales
que posee el país y que, en comparación a otros países de la región, aún no ha sido efectivamente
explotada, sea por restricciones de índole externa (precios bajos) o interna (obstáculos a la
inversión).
En tanto, desde 2017 las cifras de producción e inversión parecen comenzar a observar
alguna reversión respecto a años anteriores. Según información relevada por el INDEC hasta el
segundo trimestre de 2017, el valor de producción de la minería podría estar cambiando su tendencia,
lo que significaría un mejor desempeño para 2018 y años posteriores. En lo relacionado a
inversiones, el litio, nuevo mineral estrella, podría estar ayudando a torcer el comportamiento disímil
observado hasta 2016 con importantes anuncios para el sector, entre los que se destaca el de la
canadiense Enirgi Group (ADY Resources), que destinará alrededor de US$ 720 millones para la
construcción en Salta de la planta procesadora de litio más grande del mundo (la cual se estima
estará en operación para 2019)8
; el de Sales de Jujuy (del Grupo Orocobre), que desembolsará US$
200 millones en la instalación de una nueva planta de litio en Jujuy; o el de la minera Exar, que
invertirá $ 500 millones en el proyecto de litio del salar Caucharí-Olaroz9
. Asimismo, debe añadirse
el incremento reciente en la demanda de rocas de aplicación en respuesta al aumento de la inversión
en obra pública, lo que seguramente traccionará las inversiones en ese rubro.
Con este cuadro de situación, la evolución que experimente de aquí en más la minería, tanto
en el ámbito local como internacional, y las dificultades que enfrentará en 2018, resultan cruciales
para entender el futuro del sector. Por esta razón, este documento busca exponer algunos de los
temas de agenda del sector minero de cara a 2018, poniendo de relieve y como fundamento de su
desarrollo el interrogante sobre cómo evolucionarán los precios externos de los principales minerales
y las variables de desempeño del sector. Con ese fin, se tratan: i) el Acuerdo Federal Minero (AFM)
como nuevo marco normativo para el desarrollo del sector, ii) el comportamiento de los precios y su
impacto, iii) el desempeño reciente de la producción minera local y, finalmente, iv) la licencia social
y el impacto ambiental

Fuente: KPMG

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